El método, parte 5: Eres lo que comunicas
El método, parte 5: Eres lo que comunicas
«Eres lo que comunicas» trata de enseñar al niño a enriquecer su comunicación no verbal y a cambiar la percepción que los otros niños tienen de él.
Comenzamos…
«Eres lo que comunicas» es una frase que tal vez muchos de vosotros habéis escuchado muchas veces. A nosotros nos parece muy certera, una verdad como una casa, y lo hemos podido comprobar totalmente con nuestro peque.
¿Qué comunicaba Gael sin darse cuenta?
En el caso de Gael, nuestro hijo, cuando estaba en la escuela se quedaba siempre en un rincón del aula. Un espacio donde se sentía más cómodo, seguro, lejos de las miradas de los demás. De allí era casi imposible sacarlo, salvo cuando tenían que hacer alguna actividad concreta que requiriera desplazarse (como ir al patio, a la biblioteca de la escuela o acercarse al corro que hacían en el centro de la clase para tomar el almuerzo de media mañana). No interactuaba con ningún otro niño, ni siquiera mostraba interés por jugar ni curiosidad por prácticamente nada. Cuando alguien se acercaba para jugar con él o hablarle, simplemente movía la cabeza de lado a lado para decir «no». La maestra intentaba todo lo posible por integrarlo, pero no había manera; a pesar de sus esfuerzos, con ella también se mostraba muy rígido e inexpresivo.
Y ya os imaginaréis lo que percibían de él las otras personas… La maestra incluso llegó a pensar que podía ser algo del espectro autista y tuvimos que hacerle una prueba para comprobar que no era eso. Sus compañeros de clase lo buscaban para jugar y se acercaban, aunque poco a poco, ante el rechazo de Gael, dejaron de hacerlo. Y era como una bola de nieve que crecía sin parar: cada vez estaba más apartado del grupo y, cuanto más se aislaba, menos lo buscaban para hablar o jugar. Nadie lo hacía a propósito, y él menos que nadie: era su bloqueo el que lo llevaba a encerrarse en sí mismo y a no dejar que nadie lo conociera como realmente es. Y esto es lo que queríamos que entendiese: que lo que comunicaba con esa actitud, sin quererlo, provocaba que las personas lo terminaran ignorando.
¿Qué se puede comunicar sin la voz?
Viendo que comunicarse verbalmente se le hacía imposible, lo que tratamos de hacer fue ampliarle los recursos a nivel corporal para que pudiese interactuar con otros niños y adultos y crear lazos de afinidad con ellos, para que cambiaran la percepción que tenían de él. Si bien su mutismo le impedía mostrar su voz, no tenía por qué ser un obstáculo para divertirse y disfrutar del juego.
Algunas de las estrategias que pusimos en marcha
El saludo
Saludar es el primer paso para entablar un vínculo con alguien, así que había que empezar por ahí: por el principio. Cuando estábamos con nuestro peque y nos cruzábamos con alguien conocido en el barrio, ya fuera un compañero de la escuela, un vecino o algún dependiente de una tienda, obviamente nos saludaban. Sin embargo, Gael se bloqueaba y no era capaz de devolver el saludo, ni siquiera con la mano. Agachaba la cabeza, se escondía detrás de mí (su madre) y quería que ese momento pasara lo más rápido posible. Entonces, nuestra meta era que al menos saludara levantando y agitando la mano, algo que para cualquiera puede ser simplemente un acto reflejo, pero que para Gael era un reto gigante. No fue cuestión de días: el proceso fue largo, desde que empezó a levantar apenas su manita solo hasta la altura de la cadera y, con el paso de los días, un poquito más, hasta la cintura, el pecho y, finalmente, a la altura de la cara, agitándola con timidez. Y a partir de ahí empezó a hacerlo siempre, y cada vez de forma más natural y desenvuelta.
El efecto espejo
Otra de las tareas que hicimos fue mostrarle cómo lo veían las personas, de acuerdo con la comunicación no verbal que tenía. Mirando diferentes vídeos en YouTube fuimos sacando ideas para hacer diversos ejercicios de expresión corporal. Nosotros mismos actuábamos, interpretando el papel como si fuéramos nuestro hijo, y él miraba, como observador, para que viera y entendiera lo que las personas veían en él y por qué se formaban una percepción errónea. Le preguntábamos qué sentimientos le transmitía una persona aislada en un rincón, muy seria, sin querer hablar con nadie, ni jugar ni integrarse. La idea era que se viera a sí mismo como lo veían los demás. ¿Para qué? Para cambiar su forma de actuar corporalmente.
Le enseñamos a dar las gracias con una sonrisa, a ofrecer un juguete a otro niño, a compartir una galleta, a pedir algo aunque fuera señalándolo, a decir que algo le gusta o no le gusta levantando o bajando el pulgar, etc. Es decir, si bien aún no podía hablar con su voz, que por lo menos adquiriese un abanico mucho más amplio de gestos para poder comunicarse de manera no verbal, y así interactuar con sus compañeros y con la maestra. Así logró compartir pequeños momentos de juego con dos niños, y esos lazos fueron creciendo hasta que se convirtieron en amigos con los que jugaba todos los días.
Juegos de baile
Esta actividad también nos costó mucho al principio, porque Gael no quería mostrarse; ni siquiera con nosotros se animaba a bailar. Poco después empezó a moverse con música, pero sin que nadie lo viera. Lo espiábamos haciendo coreografías de grupos musicales infantiles que le gustaba escuchar y cuyas canciones se sabía. El siguiente paso para él fue soltarse un poco más, esta vez ya delante de su padre y, finalmente, conmigo. Hoy en día le encanta bailar y hacer batallas de baile con nosotros, con música de hip hop, y ver películas de breaking, urban dance, competiciones de baile, etc., y se le ve feliz, disfruta muchísimo y él mismo pide poner música para bailar.
Evidentemente, cada pequeño logro se lo festejábamos mucho, le recordábamos lo bien que lo había hecho, que lo había podido conseguir con su esfuerzo y su práctica. Y si en algún momento lo veíamos dudar o con miedo a intentar las cosas, venía el Sapo Zen a darle ánimos y refuerzos positivos para no dejarlo caer de nuevo en la inseguridad. Poder comunicarse ya con otros niños y adultos, por lo menos de manera no verbal, y modificar su conducta y su expresión corporal fue un progreso muy importante, porque fue el paso previo a lanzarse a hablar. Otro de los grandes avances que pudo conquistar en su camino con el mutismo selectivo.
Esto es lo que vivimos en casa con Gael, no una pauta clínica. No sustituye, contradice ni retrasa el acompañamiento de un profesional: si tu hijo ya está con uno, coméntaselo antes de probar nada de esto.