El método, parte 6: Busca tu sombra y conoce sus orígenes
El método, parte 6: Busca tu sombra y conoce sus orígenes
«Busca tu sombra» trata de enfrentar al niño a sus miedos más profundos, encontrar sus orígenes y racionalizarlos para intentar reducir lo que le produce tanta ansiedad.
Comenzamos…
En esta fase vamos a hablar de los miedos. Lo que buscábamos con la estrategia que describimos a continuación era enfrentar a nuestro hijo con sus miedos más temidos, con aquello que lo paralizaba, que lo bloqueaba. Pensábamos que, de esta forma, si Gael podía racionalizar sus miedos y ponerlos en palabras, expresarlos, ya no serían tan grandes para él y disminuiría la ansiedad que le causaban.
¿Cómo identificar las situaciones de ansiedad?
En nuestro caso, como hemos contado antes, cuando a nuestro peque le diagnosticaron mutismo selectivo, no solamente no podía comunicarse verbalmente en la escuela, con sus compañeros y con los adultos, y en sitios donde hubiera bastante gente, sino que, además, nos dábamos cuenta de que algo lo bloqueaba o le subía la ansiedad porque de repente ponía todo el cuerpo muy rígido, con los puños bien apretados y la mirada baja, como si no oyera cuando le hablaban.
¿Cómo conocer sus miedos?
Con un aliado imprescindible a estas alturas: ¡el Sapo Zen! Este personaje tan sabio era el protagonista de un cuento inventado en el que iba a visitar a un amiguito suyo que, como Gael, no conseguía hablar en la escuela, porque su padre, muy preocupado, le había pedido ayuda al Sapo Zen. Este se acercó a su amigo y le hizo una serie de preguntas como «¿Cómo te ha ido hoy en la escuela? ¿Has jugado con algún niño? ¿Le has contado algo que te guste o le has contestado si te ha hablado?». Las respuestas del pequeño siempre eran negativas: no había podido interactuar con nadie, ni había podido mostrar su voz, ni siquiera había disfrutado de las actividades de la escuela.
Aquel personaje era, evidentemente, un fiel reflejo de nuestro hijo, y la idea era justamente que se sintiera identificado con él. El Sapo Zen siguió con sus preguntas: «¿Y por qué crees que no has conseguido interactuar con nadie? ¿Acaso sentías miedo? Y si es así, ¿miedo a qué?». Y el pequeño le cuenta que sí, que sentía miedo a exponerse, a hablar y a que todos lo miraran, lo juzgaran, se rieran o se burlaran de él. Su amigo el sapo lo tranquiliza y le recuerda que no tiene por qué temer ni preocuparse por cómo se expresa, que es normal equivocarse y que le pasará más de una vez, como a todos. Y que, si alguien se ríe, tampoco pasa nada, no hay que darle más importancia. De todas formas, si nunca había hablado en la escuela, ¿por qué tenía tanto miedo de dar a conocer su voz? ¿Por qué suponía que los demás se burlarían de él? ¿Por qué pensaba que todos lo mirarían y sería el centro de atención?
El Sapo Zen le explicó a su amigo que, mientras una persona habla, no todos la escuchan ni le prestan atención. Muchos están con sus asuntos en la cabeza, pensando en sus propias cosas, y a veces ni siquiera se dan cuenta de que otro está hablando. Incluso él mismo seguramente tampoco estaba atento en la escuela a lo que hacían o decían todo el tiempo sus compañeros, sino que se concentraba en sus tareas, en lo que haría después del colegio, en cosas que le gustaban, en una película que había visto la noche anterior, etc.
La idea era que Gael se sintiera reflejado en el cuento, y en aquel personaje, para poder identificar qué le pasaba y ver que, como en el cuento, para el resto de los compañeros de su clase él no era el foco de atención, así que podía relajarse y mostrarse tal como era, porque, en realidad, llamaba más la atención estando en un rincón, callado y quieto, que si hablaba y jugaba distendido, sin preocuparse de si alguien lo miraba o lo juzgaba. Esto finalmente le quitó un peso de encima y, muy poco a poco, empezó a abrirse con sus compañeros más cercanos, interactuando y jugando tímidamente hasta que empezó a comunicarse con ellos con sus primeras palabras. Esto también ocurrió porque Gael para entonces ya tenía entre seis y siete años y una capacidad mucho mayor para racionalizar lo que le pasaba y reflexionar sobre los consejos del Sapo Zen.
¿Cómo hacer frente a sus miedos?
Después de contarle a nuestro peque cuentos de este estilo, en los que el personaje principal pasaba por sus mismas inquietudes y él se sentía identificado, venía la segunda parte, que era interpretar esos cuentos. Representarlos actuando: su papá haciendo de Sapo Zen y él mismo en el papel del amigo del sapo. Es decir, la misma dinámica del cuento, pero contada por Gael en primera persona, detallando qué sentía cuando no le salían las palabras de la boca y a qué le tenía tanto miedo. De esta manera se le podía explicar que todo aquello que tanto miedo le daba en realidad estaba dentro de su cabeza, porque eran situaciones que no le habían pasado nunca, y que no debía temerlas; al contrario, podía sacar esos temores de su cabecita y animarse a enfrentarlos, porque se estaba formando una idea equivocada de lo que las demás personas harían o dirían cuando lo oyeran hablar.
Evidentemente, como decimos siempre, los cambios no se vieron de la noche a la mañana: fue después de bastante tiempo repitiendo e inventando cuentos con el Sapo Zen cuando Gael fue ganando confianza en sí mismo y se convenció de empezar, poco a poco, a probar a decir las cosas con su voz. Pero esto supuso en su momento un primer paso para identificar y superar sus miedos. Queríamos compartirlo con vosotros, porque esperamos sinceramente que os pueda aportar algo o ayudar, aunque sea un poquito, en este proceso que, como todos sabemos, es largo, y en el que a veces nosotros mismos, los padres, nos frustramos y nos cuesta encontrar maneras de ayudar a nuestros hijos.
Esto es lo que vivimos en casa con Gael, no una pauta clínica. No sustituye, contradice ni retrasa el acompañamiento de un profesional: si tu hijo ya está con uno, coméntaselo antes de probar nada de esto.