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Blog · contado por un padre

¿Por qué un niño deja de hablar fuera de casa?

Juan Carlos Pell · padre, no sanitario

Las fuentes sanitarias coinciden en que el mutismo selectivo está asociado a la ansiedad, que su causa no siempre está clara y que el niño no elige callar: no puede. Algunos estudios lo relacionan con un temperamento inhibido desde muy pequeño. En nuestra casa, con mi hijo Gael, no vimos una causa, sino varias cosas juntas.

Lo que sigue tiene dos partes que no quiero mezclar. Una es lo que dicen fuentes que puedes comprobar tú, con su enlace. La otra es lo que yo vi como padre, que no es ciencia y va marcado como tal. Yo no soy profesional sanitario, y por qué le pasa esto a tu hijo en concreto solo te lo puede decir alguien que lo conozca y sepa de esto.

¿Por qué mi hijo habla en casa y fuera no?

El servicio de salud británico describe el mutismo selectivo como un miedo a hablar con ciertas personas y dice que la causa no siempre está clara, pero se sabe que está asociado a la ansiedad. Añade que el niño suele tener tendencia a la ansiedad y le cuesta tomarse con calma lo de cada día, y que cuando se espera de él que hable con ciertas personas se queda paralizado y hablar le resulta imposible. Con su familia cercana, cuando no hay nadie que le dispare esa reacción, habla con libertad.

Cuando leí eso, reconocí a Gael entero. En casa era un terremoto de palabras. En el portal, ante la portera que lo conocía desde bebé, se escondía detrás de mi pierna y se quedaba rígido. Yo lo acabé entendiendo, a mi manera, como una alarma que se le disparaba ante ciertas personas y sitios. Es una forma de padre de explicármelo, no un mecanismo médico.

¿Qué dicen los expertos sobre las causas?

Lo primero que me sorprendió fue lo poco que se sabe con certeza. Una revisión publicada en 2010 en la revista Psychiatry recoge que muchas teorías intentan explicar el origen del mutismo selectivo y que buena parte de lo publicado se basa en muestras pequeñas y casos aislados. Me alivió leerlo, la verdad. Llevaba años buscando la causa, el momento exacto en que todo se torció, y resulta que ni los que estudian esto tienen una respuesta única.

Lo que sí repiten las fuentes que he leído es la ansiedad. La guía para padres del Child Mind Institute lo presenta como un trastorno de ansiedad en el que el niño, que suele hablar bien y mucho en casa, se queda en silencio en otros entornos, y dice que las familias suelen notar las primeras señales hacia los tres o cuatro años.

¿Influye el temperamento del niño?

Hay un estudio que me hizo pensar mucho. Un equipo de investigadores alemanes preguntó a los padres de 109 niños y adolescentes con mutismo selectivo cómo eran sus hijos de bebés, y los comparó con otros grupos. Los niños con mutismo selectivo habían sido más inhibidos de bebés y en sus primeros años, sobre todo ante lo social, y los autores lo presentan como una primera prueba de un origen ligado al temperamento (Gensthaler y otros, European Child & Adolescent Psychiatry, 2016).

Te cuento por qué me tocó. Gael llegó prematuro, y desde el primer día lloraba en cuanto lo dejábamos en la cuna. Yo de niño era muy tímido, y Luciana, su madre, también es reservada. No te digo que ser prematuro o tener padres tímidos cause nada: no lo sé, y no soy quién para decirlo. Lo que sí veo, como lectura mía de padre, es que Gael no empezó de cero, y que esa sensibilidad estaba ahí antes de cualquier decisión nuestra. A los dos años y medio le pusieron el primer nombre a lo que le pasaba, ansiedad por separación, y el de mutismo selectivo llegó a los cinco.

¿Influye el idioma o vivir fuera de tu país?

Según el servicio de salud británico, el mutismo selectivo afecta a uno de cada 140 niños pequeños y es más frecuente en niñas y en niños que han emigrado hace poco. Y la guía del Child Mind Institute matiza algo importante: ser bilingüe no causa mutismo selectivo, pero en niños que ya tienen un temperamento ansioso, que se espere de ellos que hablen en un idioma en el que están menos cómodos puede ponerlos en mayor riesgo.

Nosotros somos de Rosario, en Argentina, y vivimos en Barcelona. En casa hablábamos nuestro castellano de siempre, y en la calle y en el colegio Gael oía otro castellano y catalán, sonidos que no sentía suyos. Además, en el día a día éramos tres: sin abuelos ni primos de cada tarde. Nada de eso, por sí solo, explica nada; miles de niños crecen así y hablan sin problema. Yo me lo explico como una tormenta: no la hace una nube, la hacen todas a la vez. Otra vez, es mi lectura, no un dato.

¿El mutismo selectivo lo provoca un trauma?

Es de esas preguntas que salen cuando uno busca en internet a las tres de la mañana, como hacía yo, leyendo foros y artículos por si dentro había una pista. La guía del Child Mind Institute dice que es una creencia errónea pensar que un niño con mutismo selectivo ha sufrido un trauma, y que los niños que se callan después de algo traumático suelen estar en silencio en todas partes, no en unos sitios sí y en otros no. El servicio de salud británico también explica que, cuando el silencio aparece tras un estrés postraumático, sigue un patrón muy distinto: el niño deja de hablar de golpe en sitios donde antes hablaba sin problema.

Con Gael no fue así. Nunca hubo un día en que dejara de hablar. Hubo un niño que, desde muy pequeño, en unos sitios hablaba sin parar y en otros no podía.

¿Es culpa de los padres?

Te lo digo como padre que se lo preguntó cada noche durante años: lo que yo leí y lo que yo viví apuntan a lo mismo, a que no hay un botón que alguien apretara. Influir no es causar. Nuestra manera de estar en casa pesaba, y lo cuento en otro artículo sobre cómo cambió todo cuando bajé mi propia ansiedad, pero eso no es lo mismo que haberlo provocado.

Si estás buscando la causa porque necesitas saber qué hiciste mal, para un momento. A mí esa búsqueda me tuvo años mirando hacia atrás. Lo que me ayudó fue girarme hacia delante. Si sospechas que a tu hijo le pasa algo así, lee cuándo pedir ayuda profesional y la página sobre el mutismo selectivo explicado por un padre; esto no sustituye a la evaluación de un profesional. Y si quieres la historia entera de cómo pasamos de buscar culpables a entender a nuestro hijo, está en el primer libro, «Entender», que puedes descargar gratis.

Me acuerdo de la primera noche en que dejé de buscar el fotograma exacto en el que todo se rompió. Dormí mejor. No porque tuviera la respuesta, sino porque por fin entendía que no había un culpable al que encontrar, y que todas aquellas horas podía dedicárselas a Gael.

NOTA
Esto no sustituye a una evaluación profesional. Si te preocupa tu hijo, habla con su pediatra o con un psicólogo infantil. Cuándo pedir ayuda

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