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El método en casa · paso 2 de 7

El método, parte 2: La nueva coraza

El paso, en vídeo (2021) Cambiar el miedo por seguridad · 23:27
NOTA
Esto no sustituye a una evaluación profesional. Si te preocupa tu hijo, habla con su pediatra o con un psicólogo infantil. Cuándo pedir ayuda

El método, parte 2: La nueva coraza

«La nueva coraza» trata de reemplazar los miedos del niño por confianza y seguridad a través de la exposición a nuevas experiencias y del aprendizaje y dominio de nuevas habilidades.

Comenzamos…

Esta nueva fase de lo que hicimos para acompañar a nuestro hijo Gael en su camino con el mutismo selectivo la hemos llamado «La nueva coraza». Y la llamamos así porque en esta etapa se trataba de reemplazar sus miedos por una coraza de confianza y seguridad. ¿En qué consistía? Pues en exponerlo a nuevas situaciones, a nuevas experiencias y al aprendizaje de nuevas habilidades.

¿Qué paralizaba a Gael?

En el caso de nuestro peque, en los entornos donde presentaba el mutismo, es decir, en el colegio, en la escuela de taekwondo y en lugares donde hubiese mucha gente (tanto si eran conocidos como si no), no solamente no podía expresarse a través del habla, sino que además se mostraba muy rígido a nivel corporal. Se le veía con angustia, sin expresión en la cara; quería pasar totalmente desapercibido ante los ojos de los demás, se escondía en su «coraza» para que nadie viese cómo era él en realidad, para no ser el foco de atención.

Inconscientemente buscaba no exponerse a una situación de interacción, donde alguna persona pudiese llegar a preguntarle algo y se sintiera obligado a contestar. Otro mecanismo de defensa que tenía eran los bostezos. Sí, bostezos. Al principio pensábamos que era sueño o cansancio; sin embargo, luego nos dimos cuenta de que, en todas esas situaciones de tensión, bostezaba continuamente, una reacción automática de su cuerpo que no podía controlar.

¿De qué se trata «La nueva coraza»?

La idea, con nuestro hijo, era intentar sustituir, como hemos dicho, todos esos miedos por un escudo de seguridad, de confianza en sí mismo y, por lo tanto, que eso le levantara la autoestima. Este proceso no fue nada fácil y nos llevó bastante tiempo, de hecho, varios meses, porque teníamos que luchar contra su frustración constante. Cuando le proponíamos alguna actividad nueva, algún nuevo desafío, y no lo lograba al primer o segundo intento, se enfadaba y se frustraba mucho, de tal manera que «tiraba la toalla» enseguida y ya no quería volver a intentarlo. Incluso sentía rechazo a salir a sitios donde no hubiéramos estado antes, como una feria o un espectáculo, o a vivir una experiencia diferente, como montarse en alguna atracción de un parque de atracciones, probar una comida nueva para él y tantas otras cosas.

A base de un poco de insistir y otro poco de forzar, fuimos no solamente proponiendo sino también imponiendo retos que le suponían esfuerzo, repetición y constancia para llevarlos a cabo con éxito. Sabíamos que al final le gustarían y lo harían sentirse satisfecho consigo mismo y más autónomo. Hoy lo haría distinto: aprendí que un reto no se impone, se propone cuando el niño ya tiene las herramientas para darlo, y así lo cuento en el Libro II. ¿Cuáles fueron esos retos? Varios, de uno en uno o de dos en dos para no agobiarlo, con mucha paciencia y siempre con ayuda del Sapo Zen, que lo animaba, le decía a diario que era perfectamente capaz de conseguirlo y lo felicitaba por sus logros del día anterior. Aquí os dejo algunos ejemplos…

Aprender a montar en bicicleta sin ruedines. Esta actividad le daba mucho miedo a Gael y nunca estaba dispuesto a intentarlo. Sosteniéndolo por ambos lados del cuerpo y poco a poco, a medida que iba cogiendo equilibrio, lo íbamos soltando, hasta que finalmente pudo hacer sus primeros metros en bicicleta sin nuestra ayuda, ¡él solito y sin caerse!

Aprender a nadar. A base de juegos y diferentes materiales (pelotas, churros, aros, objetos para ir a buscar al fondo de la piscina, etc.). Siempre de manera lúdica, jugando y casi sin darse cuenta, Gael ya era capaz de aguantar la respiración varios segundos debajo del agua, se tiraba de cabeza a la piscina, nadaba sin miedo, tanto en la piscina pequeña como en la grande, donde ni siquiera llegaba con los pies al suelo… Disfrutaba tanto que no quería salir del agua. Íbamos todas las tardes, más de dos horas, y el cambio fue impresionante. Pasó de pisar con cautela los escalones de la piscina para meterse en ella a tirarse con total confianza desde el borde, mantenerse a flote, tumbado y totalmente relajado, y nadar solo, sin apoyarse en ningún tipo de flotador; incluso él mismo pedía aprender otros estilos, como braza o espalda.

Aprender a leer. Con ayuda de un mono muy gracioso de un canal de YouTube que enseña a leer a los niños de manera muy lúdica y con vídeos cortos, de unos diez minutos cada uno. Al hacerlo a diario, dos vídeos al día, nuestro niño en poco tiempo ya podía leer palabras fáciles y empezó a interesarse por leer todo lo que veía a su paso: los carteles de las tiendas, los envases de la comida, los menús de la tele y, finalmente, los cuentos que tenía en casa. Otro reto superado.

Aprender a escribir en cursiva. Al principio fue bastante obligado, a cambio de una recompensa como un rato de videojuegos o tele, porque no quería saber nada de escribir en letra cursiva. Le resultaba difícil, repetía las letras de mala gana, solo para cumplir con una tarea impuesta y conseguir dicha recompensa. Al final ya se veía que poco a poco iba escribiendo con más fluidez, hasta el punto de que él mismo pedía que le enseñásemos las letras que aún no habíamos hecho, porque normalmente son las más difíciles de escribir en cursiva para un niño, como la k, la z o la w.

Aprender a hacer más tareas domésticas. Cocinar puede ser divertido si lo hacemos como un juego, y eso intentamos con Gael. Era también una forma de participar en las tareas cotidianas de la casa, de ensuciarse la ropa y las manos (algo que hasta entonces no le gustaba nada), de estar contento con algo que había hecho casi sin ayuda, como un brownie, tortas fritas, tartas, filetes empanados, tallarines caseros… Comidas que le encantaban y que era toda una satisfacción haber podido hacer, ¡y comerse su propio logro!

Un rayito de esperanza 🐸

Otra serie de cambios…

Otro de los puntos donde notábamos rigidez en Gael era su hipersensibilidad sensorial a ciertas cosas, como por ejemplo el sol, el viento, los sonidos muy fuertes, determinadas luces (sobre todo si eran intermitentes), las etiquetas de la ropa, algunas comidas, el tacto de la arena, sentirse las manos sucias, etc. Todas ellas cosas que la mayoría de la gente te suele decir que son «manías» o caprichos; incluso nosotros mismos lo pensábamos al principio, hasta que su terapeuta nos explicó que la hipersensibilidad sensorial es algo que aparece en muchos niños con mutismo selectivo.

La clave para que fuera superando poco a poco esta hipersensibilidad estuvo en mantenerlo siempre jugando y disfrutando del juego; así se entretenía durante largo rato sin preocuparse de estar correteando por la arena bajo el sol o de que le diera el viento en la cara. Al estar distraído con una actividad que le gustaba mucho, se relajaba y se iba flexibilizando poco a poco. Al hacer estas actividades de manera repetida, con el paso del tiempo ya eran algo mucho más natural y cada vez fue poniendo menos trabas a la hora de querer salir a un parque, a la playa, a montar en bicicleta y otras propuestas.

Resultados en la autoestima

Evidentemente, habiendo logrado tantas cosas, su confianza y seguridad en sí mismo fueron en aumento. Cada vez le fue dando menos miedo mostrarse y enseñar lo que había aprendido a hacer. Los refuerzos positivos de las personas que lo rodeaban (y del Sapo Zen), que le decían palabras de admiración y felicitación, también ayudaron mucho a reforzar su autoestima y a convencerse de que con constancia y esfuerzo podía aprender a hacer muchas cosas solo.

Por eso ya estaba preparado para dar un pasito más, y es lo que intentamos a partir de ese momento: que pudiera identificar sus sentimientos, verbalizarlos, saber expresar sus emociones. ¿Cómo lo hicimos?

Te lo contamos todo en la tercera parte…


Esto es lo que vivimos en casa con Gael, no una pauta clínica. No sustituye, contradice ni retrasa el acompañamiento de un profesional: si tu hijo ya está con uno, coméntaselo antes de probar nada de esto.

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